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DOCUMENTO SOBRE LA ATENCIÓN PRIMARIA Y LA DESESCALADA. OPORTUNIDADES Y NECESIDADES

Domingo, 3 de Mayo de 2020

El presente documento pretende ofrecer una reflexión sobre lo que hemos aprendido, sobre lo que hemos sentido y vivido, y aprovechar la ocasión para hacer algunas propuestas que pudieran servir como una oportunidad para reinventarnos.

 Se avecina una época de intensa actividad sanitaria, donde el papel de la Atención Primaria
(AP) y el de las enfermeras serán fundamentales. Como se ha evidenciado, en los países y
comunidades en los que se ha mantenido una AP fuerte, en cuanto a dotación de recursos y
papel desempeñado en el conjunto del sistema sanitario, los resultados en esta pandemia
han sido mejores.
Teniendo esto en cuenta, parece evidente que los aspectos a mejorar en nuestro modelo no
admiten demora, pues es mucho lo que hay en juego. Durante esta crisis se han agilizado y
modificado acciones y prácticas necesarias en tiempo récord. No obstante, el esfuerzo y la
voluntad política y técnica no deben detenerse aquí, pues aún queda un amplio margen de
mejora al igual que acciones que llevan esperando demasiado tiempo.
Algunas de las propuestas que plantearemos a continuación ya han sido recogidos en la
“Estrategia para el Nuevo Enfoque de la AP” y en el “Plan de Salud para Asturias 2019-
2030”, pero tal como apuntábamos antes, el futuro se nos ha echado encima y hay
cuestiones a mejorar que hoy se vuelven prioritarias.
En primer lugar, queremos insistir nuevamente en que la AP debe recibir una mayor
asignación del presupuesto sanitario. Se debe pasar a la acción y apostar con rotundidad
hacia este modelo que se lleva apuntalando desde hace años.
Durante esta crisis ha quedado de manifiesto que los ciudadanos depositan su confianza en
sus profesionales de referencia de AP. Es el momento de demostrar que estamos y
estaremos ahí, para liderar los cambios, las adaptaciones y las recomendaciones que se
seguirán en este proceso causado por la COVID-19. Este nuevo escenario va a dar lugar a
diferentes momentos, con llanuras y de picos en cuanto a contagios, generando mucha
incertidumbre para la comunidad. Y estos procesos desde donde mejor se gestionan, y se
tiene capacidad para ello, es desde AP.
La actividad que se llevará a cabo estará relacionada con las siguientes oleadas que se
prevén:
1. Atención a los posibles repuntes de la pandemia.
2. Dificultades devenidas de cambios en el modelo socioeconómico comunitario.
3. Aumento de la patología mental.
4. Atención a cuidados críticos retenidos.
5. Atención a la cronicidad pospuesta.
6. Secuelas de Covid-19 al alta.
7. Seguimiento de casos y contactos.
8. Estudios de seroprevalencia.
Hemos analizado y concretado una serie de puntos básicos a tratar:
A) GESTIÓN Y AP. CUESTIONES GENERALES (1,2)
Se necesita un equipo directivo en los Centros de Salud, con liderazgo y capacidad asumir la
responsabilidad de su zona básica, que sirva de nexo de unión para y con el equipo. Esta
gestión tiene que ser interprofesional, transparente, que rinda cuentas y creativa, que sea
capaz de tomar decisiones compartidas y exigir responsabilidades (a los componentes del
equipo y a la gerencia).
Hay que potenciar la gestión y la organización de la actividad asistencial desde los Centros
de Salud, de manera participativa y teniendo en cuenta la idiosincrasia de cada territorio. La
AP ha demostrado una flexibilidad de que es capaz de adaptarse a las necesidades de la
población. Se debe seguir apostando por este modelo.
Se necesita revisar y unificar las formas de atención, adaptar los horarios a las necesidades
de la población, integrar los servicios de atención continuada y urgencias de AP (SAC y
SUAP) en el equipo como forma irrenunciable de mantener la longitudinalidad y la
continuidad asistencial. Se debería procurar que en el SAC y el SUAP de cada centro
estuvieran asignados unos profesionales de referencia, quienes pudieran participar en las
actividades del mismo, tanto en las reuniones del equipo como en la elaboración y ejecución
de las estrategias o protocolos. Asimismo, se facilitaría la comunicación de las incidencias y
los pormenores de la asistencia, la participación en las actividades de los Centros de Salud o
en las estrategias que incluyan a la comunidad atendida. En aquellos casos en los que estos
profesionales atendieran varios centros, se podría nombrar un coordinador de enfermería,
que sirviera de interlocutor entre este personal y los Equipos de Atención Primaria (EAP).
Se debería potenciar el papel de las unidades administrativas (1), dándoles un mayor
protagonismo y valorando su responsabilidad. Su papel en esta crisis ha sido fundamental,
organizando la atención telefónica y dirigiendo a los pacientes hacia el servicio o profesional
adecuado según la necesidad o demanda que planteaban. Obviamente, esto se debería
reforzar con una formación que debería adecuarse para el desempeño de funciones que
requieren un aprendizaje más allá de lo puramente administrativas. Para cubrir estos
puestos no serviría, por tanto, una formación de administrativo general.
 
 
El presente documento pretende ofrecer una reflexión sobre lo que hemos aprendido, sobre
lo que hemos sentido y vivido, y aprovechar la ocasión para hacer algunas propuestas que
pudieran servir como una oportunidad para reinventarnos.